En la gran mayoría de las ocasiones los empresarios que intentan diseñar un proyecto de fidelización interna, tienden a centrar como objetivo de los planes estratégicos intereses materiales de los empleados, en lugar de ver la motivación laboral como un todo.
Fidelizar no es sólo pagar más
Es decir, si nos sentamos a pensar qué podemos dar a nuestro trabajador para que se sienta más a gusto en su empresa, a unos se le ocurrirá pensar que un aumento de sueldo, otros estiman oportuno facilitar servicios al hogar, como guarderías, y otros recompensas en forma de incentivos.
Estos son algunos ejemplos de beneficios que pueden otorgarse a un trabajador en base a su relevancia en la empresa, pero… ¿Por qué no observamos gratificaciones dirigidas a los dos últimos escalones de la pirámide de Maslow? Al fin y al cabo, nuestro objetivo es que el empleado se sienta unido a su empresa y por tanto sea fiel, y más aún, sea más productivo.
Cada trabajador es diferente
Por este motivo, debemos realizar campañas de reconocimiento de necesidades y prioridades porque no todos los trabajadores responden de la misma forma.
En muchos casos, una especial atención a la motivación puede suponer acertar con la tecla. Una recompensa inherente al espíritu del buen empleado. La satisfacción de sentirse parte fundamental de la empresa y por tanto, de tener voz y voto en la toma de decisiones, puede generar una confianza en sí mismo, con efectos positivos tanto terapéuticos como empresariales.
Cuando un empleado realiza su labor motivado, falta menos al trabajo y dura más en la empresa. Es conveniente hacer los objetivos relacionables, así los empleados sabrán en qué medida su trabajo ayuda a los objetivos globales de la compañía. Hacer a los empleados partícipes de todos los éxitos es una garantía de motivación.
Si tenemos en nuestra empresa trabajadores entusiasmados con su trabajo, estaremos en condiciones de entusiasmar a nuestros clientes.












